viernes, 4 de junio de 2010

Creación del BCRA en 1935.



Si vemos la historia del Banco Central, creado en 1935 por Sir Otto Niemeyer del Bank of England, consecuencia del Pacto Runciman-Roca, como banco privado controlado por los ingleses, luego nacionalizado por Perón y antes que las demás nacionalizaciones, debemos ver luego, en los días posteriores a los golpes de Estado de 1955, 1966, 1976, como se constituía el control del BCRA. El tema es como sigue en vigencia en Argentina el Axioma Rothschild: “Denme la emisión de moneda y no me importa quien haga las leyes”.

A raíz de la fuerte depresión que experimentó la economía mundial al comenzar los años ´30, Inglaterra –tal vez aprovechando estas circunstancias para obtener mayores ventajas aún de los negocios que hacía con la Argentina- anunció, luego de una cumbre realizada en Ottawa (Canadá) con los países miembros del Commonwealth, que sólo compraría carnes a los países que lo integraban, en particular Australia y Canadá. La noticia en Buenos Aires causó alarma en el gobierno del presidente Agustín P. Justo.
los sectores oligárquicos, dueños de las mejores tierras del país nucleados en la emblemática Sociedad Rural y el Jockey Club, le hicieron conocer al presidente Justo, en octubre de 1932, una propuesta que marcaría el antecedente del pacto firmado posteriormente por nuestro país y Reino Unido. Los grandes productores de carnes le solicitaban al gobierno que tratara con la máxima preferencia las importaciones británicas como único medio para garantizarse las enormes rentabilidades que habían conocido por décadas hasta la llegada de la crisis del ´30 y que disparó, en el terreno político, la caída de Irigoyen, el primer paso para avanzar hacia un esquema de ruinosa dependencia para Argentina.
En enero de 1933 el gobierno envió a Inglaterra una misión para negociar nuevos términos d intercambio comercial. La delegación estaba encabezada por el vicepresidente Julio A. Roca (hijo), más conocido como “Julito”, el propio Malbrán, Guillermo Leguizamón, Raúl Prébisch, Miguel A. Cárcano, Aníbal Fernández Beyró y Carlos Brebbia. Inglaterra, para tal efecto, designó un comité encabezado por Walter Runciman, Leslie Burgin, Frederick Leith Ross, Henry Fountain, H.F. Carlill, A.F. Overton, R, Fraser, R. Keith Jonson, J.R.C. Helmore, R.M. Novell, R.L. Craigie, F.T.A. Ashton-Gwatkin, D.V. Nelly, H.L. Frechn y H. Brettain.
Uno de los miembros de la delegación argentina, que luego del derrocamiento de Perón tomaría las riendas del ministerio de economía, Raúl Prébisch, y que vincularía nuestro país al Fondo Monetario Internacional, no ocultó jamás que el objeto de la misión era mantener la cuota de carne enfriada antes que el volumen de las exportaciones.
La Cancillería argentina buscaba un acuerdo que mantuviera las condiciones generales en que la carne enfriada se vendía a Inglaterra relegando a planos menores otros rubros de bienes exportables que conformaban el mercado de intercambio entre nuestro país y el Imperio Británico. La Lógica de la misión estaba marcada por los intereses de los grandes ganaderos-en particular de los invernadores que se dedicaban al comercio de carne enfriada- que a costa del desangramiento de la economía argentina pretendían mantener la misma rentabilidad previa a la crisis del treinta.
Finalmente el 1º de mayo de 1933 se firma el tratado Roca-Runciman, por el cual Inglaterra se comprometía a continuar comprando carnes argentinas en tanto y en cuanto su precio fuera menos al de los demás proveedores mundiales. Como contrapartida, argentina aceptó la liberación de impuestos para productos ingleses al mismo tiempo que tomó el compromiso de no habilitar frigoríficos de capitales nacionales. Paralelamente se creó el Banco Central de la República Argentina con competencia para emitir billetes y regular las tasas de interés bajo la conducción de un directorio con fuerte composición de funcionarios del imperio británico.
No obstante todas estas concesiones, se le adjudicó además a Inglaterra el monopolio de los transportes de Buenos Aires. Años antes había surgido un incipiente transporte automotor de propietarios cuentapropistas, con recorridos fijos, que comenzaba a ser una fuerte competencia a los tranvías (ingleses); el gobierno compró la totalidad de esos vehículos y como condición del tratado creó la Corporación de Transportes de Buenos Aires entregándole todo a los británicos.
El tratado Roca-Runciman causó vergüenza. Así lo advirtió Lisandro de la Torre al denunciar el acuerdo en el Senado y promover el debate que le costó la vida al senador electo por Santa Fe, Enzo Bordabehere.
En una de sus intervenciones el senador de la Torre señaló: “El gobierno inglés le dice al gobierno argentino “no le permito que fomente la organización de compañías que le hagan competencia a los frigoríficos extranjeros”. En esas condiciones no podría decirse que la Argentina se haya convertido en un dominio británico, porque Inglaterra no se toma la libertad de imponer a sus colonias semejantes humillaciones. Los dominios británicos tienen cada uno cada uno su cuota de importación de carnes y la administran ellos. La Argentina es la que no podrá administrar su cuota. No sé si podremos seguir diciendo “al gran pueblo argentino salud”
Como respuesta “Julito” Roca expresó con una fidelidad asombrosa a los intereses de la clase social que representó, uno de los párrafos más vergonzosos de nuestra historia: respondiendo a la siguiente frase del Príncipe de Gales: “Es exacto decir que el porvenir de la Nación Argentina depende de la carne. Ahora bien: el porvenir de la carne argentina depende quizás enteramente de los mercados del Reino Unido”, Roca contestó: “Argentina por su interdependencia recíproca, es, desde el punto de vista económico , una parte integrante del imperio británico”, tras lo cual Guillermo Leguizamón agregó: “La Argentina es una de las joyas más preciadas de la corona de su Graciosa Majestad”

La Doctrina Canning sobre la Dependencia es: “Inglaterra será el taller y América española (Argentina incluída) la granja”. Lo que siempre le preocupó a la oligarquía anglo-americana era mantenernos en la des-industrialización, el subdesarrollo forzado mediante la estructura financiera controlada por ellos, y luego la exacción de excedentes mediante la Deuda Externa

El Banco Central, encargado por Ley de emitir o restringir el circulante y determinar el valor de la moneda, decide si aumenta el circulante, que bajarán las tasas de interés, habrá crédito abundante y barato, las pymes crecerán y aparecerán otras nuevas, esa clase media reactivará el mercado interno, bajará el desempleo, con él la inseguridad, aumentará la recaudación y con ella los presupuestos para salud, educación, vivienda, obras públicas, seguridad, defensa, crecerá el mercado y la nación, disminuirá la pobreza, crecerá la clase obrera, el poder sindical y la democracia, los políticos se atribuirán todos los méritos, aunque no tengan idea de quien decide esto desde Londres. Todo obra de la parte positiva del Axioma Rothschild.

En un escenario de hegemonía de la ortodoxia se puede comprender la extraordinaria interpelación a la presencia de Mercedes Marcó del Pont al frente del Banco Central. Como también la destemplada censura a su nominación por parte del heterogéneo bloque de la oposición. Marcó del Pont no es una economista liberal ni ha estado vinculada al mundo del negocio financiero.
En todas estas décadas de dominio de la ortodoxia en la autoridad monetaria las reuniones de su titular con banqueros han sido lo usual y corriente. Es lo previsible y lógico, puesto que el Central tiene bajo control esa actividad. En cambio, no es fácil hallar antecedentes de encuentros protocolares de presidentes del Banco Central con dirigentes de cámaras empresarias o con sindicalistas, como si las políticas financieras no influyeran en el mundo empresario y del trabajo.

Además de encuentros formales con sectores de la producción, Marcó del Pont tiene dos ejes principales para su gestión: reorientar el crédito hacia la actividad económica, en especial a la generadora de mayor cantidad de puestos de trabajo, y comenzar una supervisión integral del sistema analizando la conformación de grupos financieros que permiten ocultamiento de ganancias y la realización de maniobras sospechosas. El fomento de la inversión productiva y el control sobre el negocio global de los bancos no requieren modificar la Carta Orgánica del BCRA. Sólo se necesita voluntad, que Marcó del Pont expresa tener, para aplicar herramientas disponibles que sus antecesores omitían. No es la agenda tradicional de un banquero central, lo que no implica que no debiera serlo si se considera que la autoridad monetaria no tiene que ser guarida de los financistas.

Un fuerte abrazo peronista !!!

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